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Citado en el libro "De qué hablo cuando hablo de correr" H. Murakami

sábado, 11 de junio de 2016

El candidato que no gustaba a las mujeres. Una hipótesis descabellada.

Antes de empezar a leer este post, por favor ruego me disculpen todos aquellos politólogos y analistas de datos que entre mis lectores pudiera haber. No es un análisis serio ni lo pretende. Es un mero ejercicio intelectual, un puro divertimento, elaborado ante la sorpresa que me produjo ver confirmada una intuición.

Ayer se publicó el CIS Preelectoral de las elecciones generales 2016 y cayó como una carga de profundidad en las filas socialistas que vieron cómo la coalición Unidos Podemos (UP) parece que les adelanta tanto en votos como escaños.
A nadie se le escapa que la situación es endiablada para el PSOE. Siendo 3º y lo que es peor, tan cerca de sumar mayoría con UP, tendría muy difícil rechazar un ofrecimiento, que ya le han hecho, pero al mismo tiempo estaría en muy malas condiciones para exigir demasiado sin correr el riesgo de que le acusaran de dinamitar un gobierno de "cambio".

El CIS tiene un aspecto que me resulta muy atractivo; pregunta y desglosa si la respuesta la da un hombre o una mujer y de qué edad.
Tenemos 3 estudios electorales cercanos que presentan este desglose:


Hay una percepción que siempre he deseado comprobar y aunque 3 encuestas no me parece suficiente muestra para llegar a conclusiones sólidas, sí me servirían en caso de que los datos me dieran un rotundo no. Quiero decir con esto que, vistos y analizados los datos, creo que puedo construir una teoría plausible.

Mi teoría es la siguiente: el PSOE tiene un posible nicho de voto y además un arma con la que contraatacar a su adversario más peligroso que, a día de hoy, no es el PP sino la coalición UP ya que de seguir la tendencia, acabaría por engullirlo y condenarlo a la cuasi irrelevancia. Es lo que habitualmente llaman la "pasokización" del PSOE (en referencia a los sucedido con el PASOK y su rival, Syriza, en Grecia).
Ese posible nicho y ese arma son la misma cosa: el voto femenino.

Es un arma porque creo que a las mujeres no parece entusiasmarnos Pablo Iglesias y en menor medida, pero también, creo que nos sucede algo parecido con Podemos.

Alguien con la preparación adecuada podría analizar a qué obedece este efecto pero mi intuición me decía que era así y los datos no solo no me lo desmienten sino que son consistentes, tanto a favor de los demás como en contra de él.
Veamos la siguiente tabla que recoge la misma pregunta realizada en tres ocasiones. Se pide al encuestado que diga si conoce y, en caso afirmativo, valore de 0 a 10 la actuación de un determinado político. No siempre se pregunta por los mismos, pero siempre se pregunta, al menos, sobre Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Alberto Garzón, Pablo Iglesias y Albert Rivera.

Bien, no me interesa tanto la valoración que otorgan sino la diferente forma en que hombres y mujeres valoramos. No sé por qué, ni siquiera sé si es cierto o hay literatura que lo demuestre o desmienta, pero creo que las mujeres tendemos a ser 'menos duras' a la hora de puntuar. En el argot de twitter: somos menos 'haters'.
Si esta impresión es cierta, nuestras valoraciones deberían ser superiores a las otorgadas por los hombres de una manera más o menos sistemática. Cuando terminé la tabla que adjunto, el resultado me sorprendió más allá de mis expectativas.


En verde están señalados aquellos casos en los que se cumpliría la regla no escrita anterior, es decir, casos en los que las mujeres valoramos más "amablemente". En rojo, los que contradicen la norma y las mujeres somos más duras que los varones.
En la preelectoral de 2015, la "regla" se cumple en 13 casos de 17.
En la postelectoral de 2015 se cumple en 11 casos de 17.
En la preelectoral de 2016, el resultado es rotundo, se cumple en 15 de 16 ocasiones.

En la siguiente tabla he reducido los datos aplicando un filtro por "conocimiento" del líder cuya actuación se valora. Lo cierto es que muchos de ellos eran desconocidos para la abrumadora mayoría de los encuestados, así pues, he colocado un baremo arbitrario (soy una completa aficionada) que selecciona aquellos casos cuyo conocimiento supera el 50. Tras este paso las cosas quedan así:


En la preelectoral de 2015 hay 2 casos contradictorios con la regla de 6: J.A. Durán i Lleida y Pablo Iglesias. El valor negativo en el caso de Pablo Iglesias es además el mayor de toda la serie.
En la Postelectoral de 2015 solo hay 1 caso de 12 en el que se rompe la regla. Es, de nuevo, Pablo Iglesias, y sorprende que en esta ocasión, Durán i Lleida ha vuelto a la regla general y es valorado mejor por mujeres que por hombres.(*)
Por último, en la Preelectoral de 2016, otra vez Pablo Iglesias rompe la regla en solitario.

Es el único de los 5 líderes a nivel nacional que es peor valorado por mujeres que por hombres.


Nota: añado el siguiente gráfico explicativo, a petición de varios lectores. (13/06/2016)

Puede ser una curiosidad estadística, pero desde luego es plausible pensar que a las mujeres no nos gusta Pablo Iglesias.
¿Será cuestión de ideología? ¿Será que somos, en los grandes números, más conservadoras que los hombres? Puede ser. Puede ser también que seamos más aversas al riesgo y/o reacias a los cambios. Pero ¿por qué Alberto Garzón, cuyo partido se percibe también muy a la izquierda, no recibe el mismo tratamiento que Pablo Iglesias? ¿Por qué, con él, sí se cumple la regla de mejor valoración por parte de mujeres que de hombres?

Es más, veamos cómo valoramos de distinto a los partidos políticos los hombres y las mujeres.


En estas dos gráficas he seleccionado los valores extremos de las preguntas 19 en la Preelectoral de 2015 y la 13 de 2016. Y se ven al menos tres cosas que me han llamado la atención:
1) Ciudadanos, un partido cuyo voto es mayoritariamente masculino, ha cambiado y parece estar equilibrándose levemente. En 2015 había más mujeres que hombres que declaraban que "con toda seguridad no lo votarían nunca" (otorgaban un 0). En 2016 son menos ellas que ellos los que así declaran. En el otro extremo, en los que "con toda seguridad lo votarían siempre" las cosas siguen igual (más hombres que mujeres) pero se han reducido las distancias.
2) Podemos, recoge la mayor disparidad de voto. En 2015 las mujeres dicen de forma muy superior respecto a los varones que "con toda seguridad no lo votarían nunca (puntuación 0 con la mayor diferencia de toda la tabla) y también son menos las que puntúan con un 10. En 2016 aunque hay una ligera moderación sigue la misma tónica.
3) Izquierda Unida me interesaba por dos cosas, primero porque a Alberto Garzón no parecía afectarle el efecto "rechazo femenino" y segundo porque la encuesta de 2016 se realizó entre el 4 y el 22 de mayo, es decir, ya se había anunciado que IU concurriría con Podemos a las urnas. En 2015 las mujeres no castigábamos especialmente a este partido, puntuábamos de modo muy parecido a los varones, éramos unas décimas menos amables que ellos pero estaba la cosa muy igualada (0.20 en el "nunca jamás" y empate total en el "seguro que siempre"). En 2016 se ha producido un cambio. El "nunca jamás" de las mujeres sobre los hombres ha crecido hasta 2.10, y el "seguro que siempre" se ha reducido en 0.60. Es decir, parece que la perspectiva de la unión ha podido influir negativamente en la percepción femenina.

Hasta aquí el arma. Pero ¿y el nicho?

Según la Preelectoral 2016, hay más mujeres que hombres que responden con claridad a la pregunta de si tienen intención de ir a votar, y además el número de mujeres que se declaran indecisas es mayor que el de los hombres. Tenemos claro que vamos a votar, pero tenemos que pensar aún a quién.

Todo este extenso post es un ejercicio de pura fantasía. Es seguro que habrá errores metodológicos elementales pero si yo fuera el PSOE orientaría mi campaña a ellas. A esas indecisas. Es más, trataría de dejar claro que la posible alianza con Unidos Podemos no será o será en condiciones de máxima exigencia porque creo que la ambigüedad en este asunto no va a ayudarle a recuperar los votos que se le fueron a la izquierda y sin embargo sí puede hacerle perder la oportunidad de ganarse a muchas mujeres que "con toda seguridad nunca votarían" a Podemos.
¿Cómo de grande es ese nicho? Lo ignoro. Como tampoco sé si servirá para compensar parte del descalabro que el CIS les barrunta, pero yo desde luego, no dejaría de intentarlo, porque el PSOE es el único partido de los 4 en cuyo electorado predominan claramente las mujeres. Algo habrá hecho para merecerlo.

Como ya he dicho, todo cuanto he escrito no es más que una teoría, eso sí, una teoría a la que unos pocos números parecen no contradecir.


(*) Tras repasar los valores he detectado que en el caso de Durán i LLeida así como en otros diputados de Cataluña, Galicia, Comunidad Valenciana, País Vasco y Canarias, el CIS de la Postelectoral 2015 especifica que esa pregunta solo se realiza en las CCAA de donde procede el político. Es por ello que los porcentajes de "no lo conoce" varían tan drásticamente y me hace pensar que el criterio de colocar un filtro en función de dicho valor no ha sido mala idea.

PD: Gracias Demóstenes, por tu aportación, ayudando a que mis aburridos cuadros resultasen un poco más amables e inteligibles.

ADDENDA
Para elaborar este post he consultado a varias personas. Una de ellas ha sido Iria Reguera (@iriareguera) que es psicóloga social especializada en intervención comunitaria y una persona maravillosa. Le pregunté si consideraba que mi impresión sobre las diferencias de valoración entre hombres y mujeres tenía algún tipo de soporte o era un mero prejuicio. Parece que algo hay y ha tenido la amabilidad de enviarme el siguiente texto explicándolo:

Lo que es, en principio, solo una intuición, cambia de perspectiva cuando acudes a los datos. Y es que se dan varios aspectos relevantes:
Según reflejan estudios como el de Brescoll (2011) las mujeres creen que, si expresan en mayor medida y de manera más firme sus opiniones, serán peor valoradas. Pero es que, según este mismo estudio, tienen motivos para creerlo ya que las mujeres que así lo hacen y expresan más sus opiniones, por ejemplo en reuniones, reciben un mayor número de reacciones violentas tanto de hombres como de otras mujeres.
Por otro lado, las opiniones de las mujeres que expresan enfado durante una deliberación grupal, acaban por resultar menos influyentes para los demás. Es decir, en el caso de las mujeres, mostrar enfado disminuye su influencia social. Sin embargo, esto es justo al revés en el caso de los hombres. (Salermo y Peter-Hagene, 2015). Aún más, los hombres ganan respeto cuando se muestran enfadados, mientras que las mujeres lo pierden. (Brescoll y Ulhmann, 2008).
Pero no es todo: varios estudios reflejan como las mujeres tienen menos confianza en sus opiniones y aptitudes de la que tienen los hombres. Sarson y Xu (2015), por ejemplo, encuentran que las mujeres expresan menos confianza en sus respuestas, especialmente, cuando se les pregunta por temas que no creen dominar. Además, según esta investigación, parecen tener opiniones menos extremas que los hombres.

Todos estos aspectos pueden influir en que las mujeres tiendan a emitir opiniones menos extremas o a hacer valoraciones menos duras que los hombres.  

2 comentarios:

  1. Anónimo19/6/16 0:43

    La edad influye en la valoración de Pablo Iglesias, y las mujeres tienen mayor esperanza de vida. Su edad media es mayor. Puede ser esta una explicación del receive hazo femenino?

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  2. Muy interesante artículo. Una intuición que se comprueba con la encuesta del Cis. Me dice una sabia mujer de mi entorno que Pablo Iglesias provoca rechazo por su actitud arrogante, que patece que lo sabe todo... Y añade que eso es típico de muchos hombres. Ni Rivera ni Garzón ni los otros le provocan esa sensación. Gracias por tu trabajo.

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